
El jinete ante el amanecer
Un jinete solitario atraviesa una pradera infinita mientras el sol despunta en el horizonte. No hay un camino trazado para él, solo pasto, flores, árboles, y esa luz que todo lo convoca. Sobre él, las nubes se tiñen de oro, como si el mismo cielo fuera una asamblea de testigos. Tal como un alma que busca a Dios en el estado de vida al que ha sido llamada.
Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará (Salmo 37:5, Biblia de Navarra)
Transparencia: el amor que no se oculta
El amor genuino no puede prosperar en la penumbra. Como bien describe santo Tomás de Aquino, bonum est diffusivum sui, el bien se difunde a sí mismo, tiende a la luz, busca ser conocido. Una relación no es una serie de comportamientos privados, sino una comunicación progresiva de almas que caminan juntas hacia Dios.
Amor genuino: buscar el bien del otro, no el propio consuelo
Un gran error de la época actual es confundir el amor con la necesidad afectiva. Amar es velle bonum alicui, querer el bien para el otro. No querer al otro para mí, sino quererme para él.
Como bien nos advierte san Juan de la Cruz, el alma que busca consuelo en la criatura antes que en Dios ha invertido el orden. Esta tentación es significativa para toda alma que ama en la distancia o en la pasividad: la ausencia genera hambre, y el hambre puede disfrazarse de amor cuando en realidad es apetito.
El amor genuino se puede reconocer en:
- Celebra el crecimiento del otro aunque ese crecimiento no le beneficie directamente.
- Corrige con caridad, porque callar una verdad necesaria no es gentileza sino abandono.
- Libera en lugar de retener, sabiendo que el amor verdadero no encadena sino orienta hacia Dios.
“El amor es paciente, es servicial… no busca lo suyo.” (1 Co 13:4-5)
Necesidades vs. control: la diferencia que todo lo cambia
Hay una frontera delicada, y a veces imperceptible, entre expresar una necesidad legítima y ejercer control sobre el otro. El control nace del miedo; la necesidad auténtica, de la vulnerabilidad honesta.
La virtud se propone, mas no se impone. El amor inspira; el miedo controla. Se manifiesta así:
- La necesidad: “Esto me importa porque te amo.”
- El control: “Esto me importa porque te temo perder.”
Perseverancia genuina vs. perseverancia egoísta
No toda constancia es virtud. Existe una perseverancia que es fidelidad, y existe otra que es terquedad vestida de amor.
La perseverancia genuina pregunta: ¿busco el bien de esta persona y la gloria de Dios en esta relación? La perseverancia egoísta pregunta, en el fondo: ¿cómo evito el dolor que supondría soltar?
El doctor de la Iglesia John Henry Newman describía que la certeza no se alcanzaba por razonamiento solo, sino por la convergencia de probabilidades iluminadas por la gracia. En una relación esto significa: si los frutos son paz, crecimiento en virtud, y mayor cercanía a Dios, persevera. Si los frutos son ansiedad crónica, mediocridad espiritual, y alejamiento del Señor, conviene la reflexión: ¿persevero por amor o por miedo al vacío?
“Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42, Biblia de Navarra)
La verdadera perseverancia siempre está dispuesta a soltar si Dios lo pide.
Vocación: Dios camina contigo
La vocación no es un destino que alcanzar, sino un camino en el que ya se está. El jinete de la pradera no espera que el sol llegue a él: cabalga hacia el sol. A la vez, el sol ya lo ilumina mientras cabalga.
Todos tenemos una vocación universal: la santidad. Dentro de ella, algunos son llamados al matrimonio, otros a la vida consagrada, otros al sacerdocio. Ningún camino es superior en dignidad; todos conducen, si se viven con fidelidad, al mismo horizonte luminoso.
En el contexto de una relación, la pregunta vocacional no es solo “¿es esta persona la adecuada?”, sino “¿nos ayudamos mutuamente a ser santos?”. Como enseña la Santa Iglesia en el Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, es una communio personarum, comunión de personas, orientada a Dios y a la salvación mutua.
Diligencia en la vocación: la cura de la ansiedad y el miedo
“No os preocupéis por nada; al contrario: en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias.” (Filipenses 4:6, Biblia de Navarra)
La ansiedad vocacional es tormentosa: ¿y si me equivoco? ¿y si pierdo el tiempo? ¿y si no es la voluntad de Dios? Es una tentación común en un alma generosa, precisamente porque ama a Dios y teme fallarle.
Como bien dice santa Teresa de Ávila, “Nada te turbe, nada te espante… sólo Dios basta”. La diligencia no es la angustia; es un esfuerzo sereno, el discernimiento paciente, la oración fiel. La diligencia obra; la ansiedad da vueltas en círculos.
Concretamente:
- Dirección espiritual regular: el discernimiento vocacional no se hace en solitario.
- Examen de conciencia diario: para ver con claridad.
- Confianza activa: actuar según la mejor luz disponible, y dejar el resto a Dios.
Dios obra sin cesar: el jinete, el sol y las nubes
El jinete cabalga al amanecer. No sabe exactamente cuántos kilómetros lo separan del sol. Sin embargo, el sol ya lo calienta, le ilumina las manos sobre las riendas, ya dora el pasto bajo los cascos del caballo. El sol no espera que el jinete llegue para actuar; ya actúa, perpetuamente, sin cesar.
“Jesús les replicó: —Mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo.” (Juan 5:17, Biblia de Navarra)
No hay un solo instante en que la Providencia se detenga. No hay un solo silencio de Dios que sea abandono; es la calma profunda del maestro que trabaja con absoluta atención en su obra maestra.
Las nubes, doradas, inmóviles en su majestad, pero no vacías.
“Por consiguiente, también nosotros, que estamos rodeados de una nube tan grande de testigos, sacudámonos todo lastre y el pecado que nos asedia, y continuemos corriendo con perseverancia la carrera emprendida.” (Hebreos 12:1, Biblia de Navarra)
Los santos, los ángeles, Nuestra Señora, toda la corte celestial contempla el camino de cada alma. No como espectadores indiferentes, sino como la asamblea que alienta al atleta en la carrera.
La vida de la gracia no ocurre en el vacío. Ocurre bajo esa nube. Cada decisión de amor, cada acto de transparencia, cada perseverancia honesta, es vista, aplaudida, y sostenida desde arriba.
Hacia el sol
El jinete debe tomar una decisión: ¿cabalga hacia el sol, o se detiene en la pradera esperando que el sol venga a él?
La vocación exige movimiento. El amor exige entrega. La confianza en Dios exige soltar las riendas lo suficiente como para que Él también las guíe.
No hay que buscar la certeza perfecta antes de amar con generosidad. No hay que esperar la ausencia total de miedo para actuar con valentía. No hay que exigir del otro una transparencia que uno mismo no ofrece.
Cabalga hacia el sol. Las nubes te alientan. El camino ya es la respuesta.
“¿No te he mandado que seas fuerte y valiente? Pues no te acobardes ni tengas miedo, que el Señor, tu Dios, está contigo allá donde vayas.” (Josué 1:9, Biblia de Navarra)